SARCOPENIA
Rodríguez
Moreno S. Nutrición, sarcopenia y envejecimiento. Infogeriatría.
2012; 3 (3): 26-35.
En este
artículo se hace referencia a la relación entre la nutrición y la
sarcopenia en el envejecimiento. En el envejecimiento se produce un
descenso de la masa corporal magra, con incremento de la masa grasa.
Es entre los 25 y los 30 años cuando se alcanza el máximo
nivel de desarrollo de la masa muscular esquelética, siendo a partir
de los 50 años cuando comienza una disminución de la masa y la
fuerza musculares, acelerándose de forma más evidente en las
personas sedentarias, y en los varones más que en las mujeres.
La pérdida de masa
muscular es diferente en la mujer que en el hombre; así, en la mujer
suele
tener una aparición
más abrupta, en general coincidiendo con los cambios hormonales de
la
menopausia, mientras
que en el hombre suele tener una presentación más larga en el
tiempo.
También pone de
manifiesto la relación entre sarcopenia y fragilidad.
La fragilidad se
considera que tiene un sustrato biológico, con afectación
multisistémica, y con
deficiente
regulación inmunitaria y neuroendocrina, lo cual conlleva un “estado
de malnutrición
y sarcopenia”.
El síndrome de
fragilidad se caracteriza por:
1 • Pérdida de
peso.
2 • Cansancio.
3 • Disminución
de la actividad.
4 • Tendencia a la
discapacidad.
Es en este binomio
fragilidad/sarcopenia donde los trastornos nutritivos sobresalen de
forma
evidente. En la
clínica diaria observamos que la disminución de la ingesta proteica
disminuye la
masa magra del
organismo, y que la desnutrición como síndrome geriátrico se
relaciona con malos
resultados de salud,
aumentando la mortalidad.
Además de los
referidos déficits de proteínas, otros déficits aislados de
nutrientes como la vitamina
D o la vitamina B12
se relacionan con entidades prevalentes en edad geriátrica, como
dependencia o depresión.