ENVEJECIMIENTO
Martín M, Martínez-Sánchez MA. La vivencia del envejecimiento. 2010; 28(2): 83-112.
Los cambios sociales y demográficos, los avances sanitarios y técnicos de las sociedades postindustriales que están permitiendo aumentar nuestra esperanza de vida, han generado una progresiva inversión de la pirámide poblacional que indica una tendencia al aumento de la población anciana. Estudios demográficos recientes nos indican que la estructura de la población por edades está cambiando aceleradamente la sociedad americana y europea.
El artículo señala la teoría del desenganche, en la cual los ancianos s deberían desimplicarse de los roles laborales y prepararse para el desenganche final: la muerte. Lo presentan como un proceso tanto inevitable como natural y en cierto modo beneficioso para la sociedad.
En la parte opuesta se encuentra la teoría de la actividad que afirma que se puede conseguir una vejez exitosa manteniendo los roles y las relaciones.
Con respecto a las dos teorías anteriores se generan dos hipótesis: Si como afirmaban los teóricos del desenganche lo normal y deseable sería desvincularse de ocupaciones y relaciones disponiéndose a esperar el final de la propia vida, o si por el contrario, como afirmaban los teóricos de la actividad, si lo normal y deseable sería mantener hasta donde y hasta cuando sea posible ocupaciones y relaciones.
Todo esto en su conjunto sugiere que lo “normativo y deseable” sería envejecer según los cánones de la teoría de la actividad. Y que el llamado “desenganche”, lejos de ser normativo y deseable, sería un apartarse de ese ideal y que da lugar a una peor salud física y mental y que es más probable entre los mayores, cierto, pero es más propio de clases bajas y de individuos viudos.
Con todos los estudios realizados conforme a las dos hipótesis planteadas: La tendencia al desenganche ciertamente aparece, aunque el desenganche no sea normativo y deseable para los entrevistados, e incluso que su principal y único determinante sea la edad. Además una sociedad que asumiera el “desenganche” estaría propiciando que su poblacion al envejecer aumentara su probabilidad de enfermar.
De los resultados emerge un patrón global: “o se envejece bien o se envejece mal”. Así, lo similar atrae a lo similar, las dimensiones que se valoran como positivas van juntas entre sí: sociabilidad, iniciativa optimismo, salud percibida, memoria, menos preocupaciones, menos rememoración nostálgica. Y a la inversa suelen ir juntos aislamiento, apatía, pesimismo, achaques, quejas de memoria, más preocupaciones, más rememoración nostálgica…